Hace miles de años, en la mitologia griega, existia un Avasallador/Controlador, llamado Procusto. Este señor, se dedicaba a ofrecer hospedaje a los viajeros que transcurrian por la zona. Los viajeros, confiados eran dirigidos a sufrir una tortura de medición.
Procusto no podia tolerar los rasgos caracteristicos de algunas personas. Para él todos debian medir lo mismo. Con una mesa de hierro, Procusto ajustaba a cada uno de los viajeros, la medida que él creia adecuada. Cortanto extremidades en caso de ser demasiado altos, o dislocando huesos y estirandolos a la altura adecuada.
Hasta que un dia, el héroe Teseo, usó la misma bara de medir para Procusto. De este modo, el Controlador, recibió su propio castigo.
Hoy en dia, la historia se repite y es más común de lo que nos parece. La falta de autoestima en los altos cargos, hacen que personas con pensamientos divergentes, sufran la vara de medir de Procusto.
Estas personas, se autodenominan profesionales, lideres, superiores... generan un campo de culpabilidad y frustración en su entorno para seguir estando encima de quienes trabajan para ellos.
Causan sentimiento de inferioridad, menosprecian el trabajo y culpabilizan a los demás de sus propios errores. Necesitan estar por encima del resto.
No siempre existe la parte negativa. Del mismo modo que los viajeros se hospedaban en los aposentos de Procusto. El controlador hace lo mismo, aplicando la doble moral de bueno y malo para mantener siempre un status quo por encima del resto.
Actuan como buenas personas ayudando a los viajeros que mas tarde serán torturados.
Buscando siempre la confrontación y dando por valida solo su punto de vista, el Controlador sigue su tortura, hasta que la otra persona esta a la misma altura.
Visto lo visto, considero mas llevadero, mantener al controlador en su estado de bienestar, afirmando contrariedades y mostrando un nivel inferior al suyo, hasta obtener mediante tiempo, la falsa confianza depositada en él. Hasta liquidarlo de su posición.